martes, 25 de noviembre de 2014

Los hombres de mis novelas

En este artículo podría hablar de muchas cosas: de los hombres lectores que escogen mis novelas, de los hombres de mi alrededor en los que se inspiran los personajes, de los físicos que imagino, de tantas cosas... 
Y así será, voy a hablaros de varios puntos relacionadas con los hombres de mis novelas.

Hace dos semanas de la presentación en Salamanca de Las hojas de Julia y de La foto de Nora. (Si no has visto las fotos, puedes ver una selección aquí.) Desde entonces varias son las personas que me han preguntado por los personajes masculinos de mis novelas.



¿Te cuesta imaginar cómo piensan o actúan los hombres?
Esta ha sido una pregunta recurrente. La respuesta es tan sencilla como la vida misma. En Las hojas de Julia, la narradora de la historia era Julia, con lo cual, veíamos a través de sus ojos al resto de personajes, incluido Will McAvoy, el protagonista masculino de la novela. 

Las hojas de Julia
Julia y Will, quizá se parezcan a estos dos.


Precisamente por verlo a través de sus ojos fue muy sencillo dibujarle. Tanto como imaginar cómo actúa cualquiera de los hombres que he conocido. 

Las hojas de Julia
Alguien así tenía en mi cabeza cuando pensaba en Will. 


Tú y yo vemos sus actos con nuestra mirada, puede que él haga o diga algo con cierta intención, pero es nuestro cerebro el que recoge la información y la procesa de la mejor manera. Unas veces acertada otras no. Porque... ¿cuántas veces alguna de nosotras no ha interpretado algún gesto del chico adorado como algo importante y después, día tras día, semana tras semana, te das cuenta de que no significaba nada en realidad?

Así vemos a las personas: como un conjunto de actos y palabras que nos van enseñando cómo es su interior.

En el caso de La foto de Nora, el protagonista masculino principal era muy especial. Tenía un recorrido vital no muy bueno precisamente, y ello se reflejaba en un carácter seco, cerrado y un poco antipático. Mostraros cómo es John Newman fue una parte preciosa porque quise que le descubirérais poco a poco, como hace Nora, como hacemos en la vida real con cualquier persona. 

Empezamos sabiendo de él cuando no es más que un adolescente, Nora roba una foto suya que le traerá por el camino de la amargura. Más o menos como esas fotos que pegábamos en las paredes de nuestros dormitorios y carpetas con quince años.

La foto de Nora
Unos ojos oscuros como estos harán volar el pedazos el alma de Nora.


Los años pasan y si en los primeros capítulos encontramos a un chico joven con la vida por delante, después tendremos a un hombre torturado por sus errores. Pensativo, mide sus palabras pero es incapaz de controlar su corazón. 

La foto de Nora
Me gusta mucho más este John más mayor...


Al final, no se trata de retratar la actitud de un hombre, sino de hablar de sus sentimientos. Explicar cómo ha llegado hasta ese punto y contaros porqué actúa así. 


Hace medio año llegó hasta mi un nuevo personaje. Se llamaba Nicolas Cambril, Nico para los amigos. Parisino, escritor, es un pedazo de pan. 

María Jeunet
Mi amigo Nico, mi nuevo protagonista. 


Con él sí tuve que meterme en su cabeza, porque es el narrador principal de mi nueva novela. Y os puedo decir que me he divertido tanto con él y le he conocido tan profundamente que para mí es como de mi familia. Quiero creer (como decía Mulder en Expediente X) que Nico habita en cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Porque lo que le convierte en Nicolas Cambril, son pedacitos nuestros. 
Tengo unas ganas locas de que le conozcáis. Él está impaciente, intenta cada día saltar de las páginas para meterse en vuestras casas y contaros su historia. Ya falta menos, Nico, aguanta un poco más... Merecerá la pena. 


¿Son todos perfectos?
¡Ni mucho menos! Encontraremos en estos hombres virtudes y fallos como en todo el mundo. Notaréis rasgos celosos, de inseguridad, miedos,  a veces querréis que hablen más claro, otras que se corten un poco... 
En cuanto al físico, es algo que me gusta dejar a la imaginación de cada cual. Suelo dar unas pinceladas para que imaginéis su complexión y algún rasgo importante, pero los detalles os los dejo a los lectores. Quizá las fotos superiores os echen una mano... ¿Os imaginabais a alguno de otra forma? ¡Contádmelo, me encantará saberlo! 

Un abrazo desde Salamanca... ¡¡y hasta la próxima!! 



martes, 18 de noviembre de 2014

Comer lentejas en Nueva York

Con semejante título seguro os preguntaréis qué clase de post es este.
Bien, voy a hablaros sobre restaurantes en Nueva York y de cómo encontré uno en el que pude pedir un plato de lentejas como las que hace mi madre

Junto con la lectura, la escritura, el cine  y entre medias por todas partes mis gatos y mi marido, algo que me apasiona es viajar. Y soy una suertuda (como diría el amigo de Tom Hanks en la película Big) porque una de las cosas que más me gusta de viajar son los preparativos del viaje. Quizá suertuda, quizá friki... Pero así es. 

anakatoproyecto365.blogspot.com.es
Desde que tengo uso de razón me encanta organizar la maleta, la bolsa de aseo, los libros que me acompañarán, el itinerario, me emborracho durante días con guías y documentales de viajes y ahora gracias a Internet, también estudio los restaurantes a los que me gustaría acudir. Muchas veces acabamos perdiéndonos por la ciudad en cuestión y nos dejamos sorprender por cualquier rincón que tenga encanto, pero otras veces, la mayoría de hecho, tratamos de cumplir nuestros deseos.


Esto de buscar restaurantes empezó por una anécdota que con el tiempo va siendo más graciosa, pero en su día me pillé un mosqueo importante. (Me duró como dos minutos, es lo bueno que tengo, que se me pasa muy rápido).
Estábamos en París, era una de las primeras veces que viajábamos a la ciudad y nuestros ojos descubrían con emoción cada calle y edificio nuevos. Debía ser el quinto o sexto día porque estábamos ya muy cansados. Hacía un calor horroroso, imaginaos: mediados de Julio, una capital europea continental hecha de piedras que absorben el calor del sol y nos lo van regalando hora tras hora. Paso tras paso... 
Mi marido tenía antojo (a saber porqué) de ir a comer a un restaurante somalí. Sí, somalí. 
Sabíamos ese día, gracias a las guías de viaje, que por la zona por la que paseábamos había uno cerca. Claro, "cerca" en París no es lo mismo que "cerca" en Salamanca, Albacete o Cáceres. Caminamos un largo rato. Con el sol quemándonos enteros. Después, caminamos más. Y luego más aún. Y así unas cuantas veces más. 
Cuando por fin llegamos a la calle en cuestión, resulta que el restaurante había cerrado hacía tiempo a juzgar por el aspecto que presentaba. Solo recuerdo: hambre y calor. Calor y hambre... 
(Ese día para no hacer más inventos y comer bien acabamos en Île Saint Louis en uno de nuestros restaurantes favoritos de la ciudad, que por desgracia cerró hace unos años...)

María Jeunet
El restaurante de esta fotografía está en Monmartre, pero os lo muestro para que os hagáis una idea de lo bonito que era aquel otro.

Así que tras esa extraña y tonta experiencia intentamos echar un vistazo a webs como Trivadvisor para conocer las características y opiniones de locales en los que poder comer estando en una ciudad nueva.


Cuando preparamos nuestro viaje a Nueva York, nos preocupaba un poco el tema de comer y cenar. Temíamos no encontrar restaurantes de calidad (y que no tuvieran un precio prohibitivo). Nos daba miedo encontrarnos con el equivalente yanqui de Londres, en donde creo que hemos comido bien solo dos o tres veces. De esas comidas ricas os hablaré otro día. Hoy nos ocupa Nueva York.

Tras preparar un itinerario de esos que causan infarto porque no hay ni un ratito de descanso (ambos somos muy intensos y nos gusta aprovechar hasta el último minuto) tocó el turno de los restaurantes. 
Apuntamos y fuimos a varias pizzerías italo-americanas, pubs irlandeses y hamburgueserías "made in New York". Pero sin duda nuestro gran descubrimiento fueron los diners

La foto de Nora
Típico diner neoyorkino.

La foto de Nora
Si habéis visto la serie "Seinfeld" os sonará ese lugar, ¡y mucho! 

La foto de Nora
Este diner parecía del espacio retro.

La foto de Nora
Aquí yo, tomando el postre: una porción de tarta de arándanos, helado de vainilla y eggcream de chocolate. Me fui con la pena de no poder con ello... 


Son restaurantes de comida relativamente casera (hay mucha fritanga, pero se pueden elegir un montón de platos sabrosos, bien cocinados, de influencia americana y mejicana). Su decoración es la típica estadounidense, con esas barras de bordes metalizados y brillantes ocupadas por inmensas tartas extradulces... Varios taburetes, casi siempre pegados al suelo, permiten sentarse en la barra. Tras ellos existe una colección de mesas con bancos fijos en donde la simpática camarera te atenderá buscando una buena propina. 
Junto a la entrada se sitúa un pequeño mostrador con la caja registradora custodiada casi siempre por el encargado del local. 
En los diners rara vez tus compañeros de mesa son turistas. Casi siempre nos topamos con gentes del barrio, trabajadores y estudiantes que se escapaban un rato en busca de energía y risas. 
El precio es más que aceptable. Para ser Nueva York, Manhattan concretamente y con una comida tan buena, me resulta hasta barato. 

Uno de los últimos a los que acudimos tenía una oferta especial: tomando uno de los platos señalados con una estrella azul en la carta, te regalaban una sopa a elegir entre pollo o vegetal. Pedí la vegetal esperando ver una mezcla de colores tipo sopa juliana. Pero cuando el camarero me trajo el cuenco y el olor se metió dentro de mi nariz, fue como teletransportarme a casa en un milisegundo: tenía ante mí un plato de lentejas guisadas con verduras como el que hace mi madre. Y por cierto estaban buenísimas. Yo que soy de buen comer agradecí ese acercamiento fortuíto con mi comida casera. 

Lentejas en Nueva York


¿Quién iba a decirnos a nosotros que un americano de origen cubano me serviría un plato de lentejas en pleno Manhattan...? Es una de las mejores cosas que tiene la vida: las pequeñas sorpresas que te hacen sonreír. 




Seguramente ya lo habrás hecho, pero si todavía no has leído "La foto  Nora" te animo a que lo hagas. Es mi segunda novela y está ambientada principalmente en Nueva York. Recorrerás con Nora esas calles interminables plagadas de gigantes de hierro y cemento mientras intenta deshacer el mayor enredo de su vida. Puedes comprarla en librerías o en ebook aquí



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Presentación en Salamanca de Las hojas de Julia y La foto de Nora

Buenos días, amigos.

Ayer no hubo entrada en el blog, pero tengo un motivo muy grande. Pasé el día inmersa en un montón de actividades de promoción en mi ciudad, Salamanca.

Empecé el día yendo a trabajar, como cada martes. Pero salí dos horas antes para poder atender a todos los periodistas que tenían interés por charlar conmigo. Cuatro entrevistas en radio, dos para periódicos, docenas de fotos para cada medio y hasta llegué a grabar un reportaje para el Canal 8, perteneciente al grupo de Radio Televisión Castilla y León.
Todas y cada una de las personas con las que traté lo hicieron con una gran sonrisa y una sana curiosidad por conocer mi obra y cómo he llegado hasta este punto.

María Jeunet
En el atrio de la Casa de las Conchas. Recién llegada.

María Jeunet
Empezando a grabar. 

María Jeunet y Librería Víctor Jara
Fachada de la librería Víctor Jara, segunda fase de grabación. Mirad la banderola que está por encima de la puerta...

María Jeunet y Librería Víctor Jara
Dentro de la librería Víctor Jara, última fase de la grabación.


Tras la grabación para la televisión (estaba bastante nerviosilla... (¡sentía la boca seca!) aunque lo pasé genial, en cuanto tenga el programa lo subiré al blog para que podáis ponerme movimientos, cara y voz), fue el turno de la presentación.

Me habían dicho que la sala en la que haríamos la presentación tenía ochenta sillas fijas y treinta móviles que se extenderían si hacía falta. Os prometo que pensé llenar quince o veinte puestos. ¡Eso me parecía toda una proeza! Pero lo que ocurrió superó todos mis sueños...

Bien, los treinta primeros huecos estaban ocupados veinte minutos antes de empezar.
Diez minutos antes de sonar mi voz a través del micrófono, ya había gente de pie porque habían ocupado los más de cien espacios disponibles.
Cuando comenzamos la charla había gente en el pasillo exterior porque no podían entrar ni para estar de pie. Los focos no me permitían ver con claridad, pero intuía que había mucha gente... Y lo sentía en el calor creciente de la sala.
Hoy, viendo las fotos y escuchando a los que asistieron me parece que todo forma parte de un sueño precioso.

La foto de Nora
Ejemplares que la librería trajo para su venta. ¡La mesa quedó temblando!

María Jeunet
Nuestra mesa, ¡con micrófonos!

María Jeunet
Charo Ruano (periodista y escritora) y yo. Empezando...

María Jeunet
Casi lleno. Y aún no habíamos empezado... 


Sin embargo, es real. Lo se porque estoy un poco afónica, tengo agujetas (inexplicablemente) en las piernas y porque atesoro más de doscientas fotos con las personas que compartieron ese día tan especial conmigo.

Os dejo unas cuantas a continuación, no sin antes agradecer a todos y cada uno de los asistentes que me acompañaron. Gracias a la Librería Víctor Jara, a Iván, a Mario, a Charo Ruano (una joya (escritora y periodista) escondida en Salamanca), a la Biblioteca Pública de La Casa de las Conchas. Gracias a sus empleados por su gran paciencia (la cola para las firmas era tan grande que los pobres tuvieron que quedarse bastante más rato del habitual antes de cerrar, ¡gracias!).

Gracias a mi familia (los más cercanos y los más lejanos, no sabéis qué ilusión veros allí), a mis amigos (¡que son los mejores del mundo!) a mis pacientes (si ya os quería, imaginaos ahora...), ¡a mis maestras del colegio! (que vinieron a abrazarme y se llevaron una gran pila de libros) y a los desconocidos que hicieron cola casi una hora para llevarse a casa a Julia y a Nora con mi firma y dedicatoria. Os llevaré en el corazón siempre. Gracias.  

El resto de fotos podréis verlas en mi Facebook

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14

María Jeunet, presentación Salamanca 11/11/14



martes, 4 de noviembre de 2014

La cosa va en serio.

Sigo sin creérmelo. Os lo digo de corazón, ni teniendo las novelas ya en casa acabo de creer en todo esto.
Hace doce meses que terminé Las hojas de Julia y solo ocho meses desde La foto de Nora. No sé si será poco o mucho tiempo, pero no acabo de asimilar que esas historias que salieron de mi cabeza llenas de fuerza e ilusión vayan ahora a estar en las casas de muchas personas. 

El viernes pasado un mensajero llamó a mi puerta preguntado por María Jeunet. Un latigazo de electricidad recorrió mi pecho entero. Firmé el recibo y corrí al salón. Traté de no romper el paquete, lo prometo. Pero la emoción hacía que mis dedos estuvieran más torpes que lo habitual. Así que rasgué el plástico, rompí el cartón y ante mí aparecieron un ejemplar de cada una de mis novelas.
Cuando imaginaba ese momento, sabía que estaría feliz. Pero no supe hasta el viernes la ilusión tan grande que trajeron consigo. 

La foto de Nora y Las hojas de Julia
Tres minutos después de haber abierto el paquete de ilusión.

Las emociones no acabaron ahí. Para nada, de hecho no hicieron más que ir creciendo a lo largo del día.
Una hora después me llamó el responsable de una librería emblemática de Salamanca, Víctor Jara, para decirme que querían hacer una presentación de mis novelas en uno de los monumentos más impresionantes de la ciudad. ¡¡Imaginaos!! Los que conocéis Salamanca, sabéis que la Casa de las Conchas es un edificio muy especial en el corazón de la ciudad. Después de pasar muchos años cerrada al público se reabrió convertida en biblioteca pública y sala de exposiciones. ¡La de veces que he acudido a sacar libros y ver obras de arte! ¡Y pensar que el día 11 de Noviembre estaré yo allí...! 






Así que el Martes día 11 de Noviembre, a las 20:00, en la Casa de las Conchas de Salamanca, y gracias a la Librería Víctor Jara, estaré presentando (por primera vez) mis dos novelas. 
¡Estáis tod@s invitad@s! 



Pero es que lo más bonito de todo lo que me pasó ese viernes, ocurrió al final del día. Me acerqué personalmente a la librería para agradecerles la organización del evento y estando allí con el responsable, sacó un par de mis libros del escaparate para que los viera de cerca. Allí había una familia gallega que fue testigo del momento. Creo que dije algo así como: "me parece mentira que ahora alguien decida comprarlos y llevárselos a su casa..."
La madre de esa familia, se acercó a mí y me preguntó si era la autora. Estuvimos charlando unos minutos, que atesoraré para siempre, y decidió comprar La foto de Nora. Le dediqué el libro (puse mal la fecha: con los nervios, ¡me equivoqué por un mes!) y nos hicimos una foto. 
Os prometo que fue un momento mágico. Creo que Ana, así se llama esta mujer, se ha convertido en la primera española que ha comprado un ejemplar de La foto de Nora. Ana, si llegas a leer esto, te aseguro que te recordaré siempre. Gracias, me regalaste un momento inolvidable. 


Aquí os dejo unas fotos de las primeras librerías en donde he visto mis novelas. Me encantará tener tantas fotos como podáis pasarme. Así que si las veis en cualquier rincón de una librería, por favor, sacadles una foto y enviádmela. Será otra prueba de que todo esto no es un sueño. 


La foto de Nora y Las hojas de Julia
Librería Cervantes, Salamanca. 

La foto de Nora y Las hojas de Julia
Librería Víctor Jara, Salamanca.